19.5.14

Pasajero

Recién llovió ocho segundos.
Fueron unos lindos ocho segundos.
Esos ocho segundos alcanzaron para mojarme hasta las tripas,
dejándome cansado como cuando uno ha aguantado mucho tiempo
bajo un diluvio.
Y, sin embargo, no fue más que una llovizna. Una llovizna intensa.
Pero ahora paró. Y empiezo a secarme.
Tal vez, y con un poco de suerte, la llovizna vuelva a caer.
Y me empape una vez más.
Intentaré resistir la tentación de danzar para invocarla.