El más mínimo gesto,
el más mínimo detalle,
alcanza para poner en marcha
la máquina cuya materia prima
es la imaginación.
La máquina moldea y modela,
talla, esculpe;
la producción es variada:
un par de ojos despertando,
un vestido que cae,
un abrazo de las pieles,
o una tarde
de mate amargo.