Vengo a devolver un producto.
Sí, es que me ofrecieron una cosa y cuando lo compré, ¡resulta que no se parecía en nada al anuncio!
¡Me vendieron un buzón, viejo!
Ya sé que usted no tiene nada que ver, señorita, pero entiendamé. Resulta que uno se cree todas las mentiras que le dicen, y al final ella no estaba lista para una relación, y uno se come un garrón que... ¿Eh? ¡No! Digo, ¡que ni garantía tenía!